La Ruta 66 no nació como un viaje bonito. Nació como una necesidad.
Durante décadas fue la carretera que conectaba el este con el oeste de Estados Unidos, utilizada por miles de personas que dejaban atrás su vida en busca de oportunidades en California. Agricultores, familias enteras, aventureros… todos acababan recorriendo los mismos kilómetros, atravesando estados que hoy siguen conservando ese aire detenido en el tiempo.
Y ese viaje, que hoy hacemos por placer, empieza en Chicago.
Puede sorprender, porque la imagen que todos tenemos de la Ruta 66 es la de desiertos infinitos, gasolineras antiguas y neones parpadeando. Pero antes de todo eso hay una gran ciudad, moderna, intensa y con una personalidad muy marcada. Empezar aquí no es casualidad: es el contraste perfecto. Sales entre rascacielos y, sin darte cuenta, acabas cruzando la América más profunda.
El inicio de la Ruta 66: la foto que todos buscan (y el detalle que casi nadie cuenta)

Si has visto fotos de la Ruta 66, seguramente ya tienes en mente la típica señal de “Begin Route 66”. Está en la intersección de East Adams Street & South Michigan Avenue, y sí, es parada obligatoria.
Pero hay un pequeño matiz que merece la pena conocer antes de hacer la foto. El inicio original de la ruta no estaba exactamente ahí, sino en Adams Street. Con el tiempo, la señal se movió a una ubicación más visible y accesible.
Antes de comenzar tu viaje si o sí tienes que pasar por aquí y hacerte una foto bajo la señal.
Desayunar en Lou Mitchell’s: una tradición antes de empezar la Ruta 66
Este restaurante lleva abierto desde 1923, incluso antes de que la propia Ruta 66 existiera oficialmente, y con el tiempo se convirtió en una parada casi obligatoria para los viajeros que estaban a punto de lanzarse a la carretera. Durante décadas, conductores, familias y curiosos han empezado aquí su viaje, sentados en una de sus mesas, con un desayuno contundente delante y muchos kilómetros por recorrer.
Entrar es como meterse en otro tiempo. Mantiene ese aire clásico de diner americano, con camareros que van a mil, café rellenándose constantemente y un ambiente que mezcla turistas con clientes habituales del barrio. Aquí no vienes solo a comer, vienes a formar parte de una pequeña tradición.
La carta es justo lo que esperas (y lo que necesitas antes de un roadtrip): tortitas esponjosas, huevos, bacon, tostadas, french toast… todo en raciones generosas y bien hecho. Nada de florituras, pero todo está realmente bueno. Además, tienen un detalle muy característico: mientras esperas mesa, suelen ofrecer pequeños agujeros de donuts y mermeladas caseras riquísimas, algo que forma parte de su identidad desde hace años.
Si quieres vivir el inicio de la Ruta 66 como se ha hecho toda la vida, este es el sitio. Sales de allí con el estómago lleno y la sensación de que el viaje ya ha empezado incluso antes de arrancar el coche.
Antes de salir a la carretera: qué ver en Chicago sin perder tiempo
Si tienes poco margen, lo ideal es dedicarle a Chicago uno o dos días antes de empezar la ruta. No necesitas ver todo, pero sí entender el ambiente de la ciudad.

Un buen punto de partida es el Chicago Riverwalk. Pasear por aquí te sitúa rápido: rascacielos imponentes, terrazas junto al río y ese ritmo urbano que contrasta con lo que vendrá después en la ruta. Es una forma muy fácil de “entrar” en la ciudad sin complicarte demasiado.
A pocos minutos tienes Millennium Park, donde están dos de los iconos más fotografiados. El primero es The Bean, esa escultura metálica en la que todo el mundo se refleja y que se ha convertido en una imagen inseparable de Chicago. El segundo es la Crown Fountain, mucho más curiosa de lo que parece, con caras gigantes proyectadas que interactúan con el agua.
Siguiendo el paseo, merece la pena acercarse a Chicago Theatre. Su cartel luminoso es puro cine americano y probablemente te suene aunque no sepas de qué. Es una parada rápida, pero muy reconocible.
Si te apetece añadir un punto más escénico, Buckingham Fountain es uno de esos lugares que siempre funcionan. Especialmente al atardecer, cuando empieza a iluminarse, tiene ese aire clásico que encaja muy bien con el inicio del viaje. Esta fuente ha sido escenario de la serie de los 90 «Matrimonio con hijos».
Y si quieres una vista general de la ciudad antes de dejarla atrás, la Willis Tower sigue siendo una de las mejores opciones. Subir no es imprescindible, pero si lo haces, te llevas una perspectiva muy clara de lo que estás a punto de recorrer.
Antes de despedirte de Chicago, un paseo por Navy Pier puede ser una buena idea, sobre todo si te apetece algo más tranquilo. Está junto al lago Michigan y tiene ese ambiente de paseo marítimo que siempre apetece, con vistas abiertas y un ritmo más relajado. No es imprescindible, pero encaja bien como cierre antes de cambiar completamente de escenario y empezar a conducir.
Comer en Chicago: aquí empieza también la experiencia gastronómica
Antes de empezar a conducir, hay otra cosa que conviene tomarse en serio: la comida.

Un clásico para empezar el día es Lou Mitchell’s como ya te hemos comentado, un sitio histórico ligado directamente a la Ruta 66. Lleva décadas sirviendo desayunos a viajeros que estaban a punto de hacer exactamente lo mismo que tú: empezar la carretera.
La pizza estilo Chicago o deep-dish pizza es probablemente lo más conocido, pero no tiene nada que ver con la idea de pizza que solemos tener. Es alta, contundente y se come con cuchillo y tenedor. Más que una cena ligera, es casi un ritual. Te recomendamos Giordano ́s, eso si, ve sin prisa porque suelen tardar unos 40 minutos en hacer tu pizza, pero te prometo que la espera merece muchísimo la pena.
Más allá de eso, hay dos cosas muy típicas que merece la pena probar si tienes tiempo. El Chicago-style hot dog, que tiene su propia “norma no escrita” (y sí, incluye no ponerle ketchup), y el Italian beef sandwich, un bocadillo jugoso y bastante más potente de lo que parece.
No es solo comer por comer. Es empezar a entender el viaje también desde ahí.
Consejos prácticos para empezar la Ruta 66 desde Chicago
Organizar bien este primer tramo te puede ahorrar bastante tiempo.
Lo más recomendable es dedicar al menos un día completo a la ciudad y salir a la mañana siguiente. El tráfico de Chicago puede ser intenso, así que cuanto antes empieces, mejor.
En cuanto al coche, puedes alquilarlo tanto en el centro como en el aeropuerto. Si tu ruta sigue directamente hacia el sur, muchas veces compensa salir ya desde el aeropuerto para evitar atravesar toda la ciudad.
Y, sobre todo, ajusta expectativas: los primeros kilómetros no son todavía la Ruta 66 más “mítica”. Pero forman parte del proceso. La carretera se va transformando poco a poco.
Un último apunte antes de arrancar
Con este post puedes empezar a organizar perfectamente tu paso por Chicago y empezar la Ruta 66 sin problemas. Pero si quieres llevarlo todo más estructurado, en la guía descargable tienes estos puntos y muchos más ya organizados por zonas, además de toda la ruta completa.
Incluye también los desvíos más interesantes, como el Gran Cañón o Las Vegas, y el final del viaje en parques como Disneyland y Universal Studios Hollywood.
La idea es que puedas hacerlo por libre, pero con toda la información clara y bien organizada desde el principio.
Igualmente estamos aquí para echarte una mano si tienes cualquier duda, así que déjanos un mensaje o escríbenos por instagram o tiktok, estaremos encantados de ayudarte.