América, Ruta 66

Etapa 9 de la Ruta 66: de Las Vegas (Nevada) a Oatman (Arizona)

Después de nuestro paréntesis en Las Vegas, toca volver a lo que habíamos venido a hacer: recorrer la carretera madre hasta llegar a Santa Mónica.

Y la verdad, el contraste se nota. Pasas de luces, ruido y hoteles gigantes… a carreteras tranquilas, desierto y paradas donde el tiempo parece ir más despacio. Y sienta bien.

Seven Magic Mountains: despedida diferente de Las Vegas

Antes de dejar la ciudad, hacemos una última parada en Seven Magic Mountains.

Son unas columnas de piedras gigantes pintadas de colores en mitad del desierto. Es una instalación artística bastante llamativa y muy fotogénica. La visita es rápida, pero merece la pena parar un rato antes de volver al “modo Ruta 66”.

Camino de vuelta a la Ruta 66

Desde aquí retomamos el rumbo hacia Laughlin, que sirve un poco como punto de paso para volver a conectar con la Ruta 66.

El paisaje empieza a cambiar otra vez: menos ciudad, más desierto, carreteras largas y esa sensación de estar en medio de la nada que tanto forma parte del viaje. En estos tramos son donde más disfrutamos de haber elegido un Mustang descapotable, el viento en la cara, una playlist con clásicos del rock y unas vistas increíbles mientras conducimos.

Oatman: burros, curvas y puro oeste

Llegamos a Oatman, y aquí sí que entras de lleno en otro rollo.

El camino hasta llegar ya merece la pena, con curvas y un paisaje bastante salvaje. Y cuando llegas… aparecen ellos: los burros. Van sueltos por el pueblo y son los auténticos protagonistas. Es imposible no pararte a hacer fotos o simplemente mirarlos un rato. Pero ojo! que muerden.

El pueblo mantiene ese aire de antiguo asentamiento minero, muy del oeste, con tiendas, madera y bastante ambiente.

El famoso bar de Oatman

Aquí hicimos una de esas paradas que son cai obigartorias, entrar en el Oatman Hotel y tomarnos unas cervezas.

El interior está lleno de billetes de dólar pegados por todas partes, dejados por viajeros de todo el mundo. Nosotros, cómo no, dejamos el nuestro también. Es una tontería, pero hace ilusión formar parte de ese pequeño ritual.

Volver a la esencia de la Ruta 66

Esta etapa es como volver a conectar con la Ruta 66 después del paréntesis de Las Vegas. Más tranquila, más auténtica y con ese punto de “esto es justo lo que veníamos buscando”.

Entre el desierto, los burros de Oatman y ese ambiente tan distinto, es de las que te hacen recordar por qué este viaje engancha tanto.

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