Aquí la Ruta 66 cambia de piel. Sales de Texas con ese aire de carretera infinita y, poco a poco, empiezas a notar que el paisaje se vuelve más árido, más abierto… más de película del oeste. Es una etapa muy simbólica porque cruzas el ecuador de la ruta, pero también porque el entorno empieza a ser completamente diferente a lo que llevabas viendo días atrás.
Es un día muy agradecido: muchas paradas míticas, trayectos llevaderos y esa sensación constante de estar avanzando en algo grande.
Cadillac Ranch: deja tu huella en la Ruta 66
Nada más salir de Amarillo, primera parada en el famoso Cadillac Ranch.
Seguramente ya lo habrás visto en fotos, varios Cadillac clásicos enterrados en el suelo con el morro hacia abajo. Es una instalación artística de los años 70 que con el tiempo se ha convertido en uno de los iconos de la Ruta 66.
Lo curioso es que está en constante cambio, porque cualquiera puede pintar sobre los coches. Por eso nuestro consejo es que te hagas con un spray en cualquier Wallmart antes de llegar y dejes tu huella. Es de esos momentos que hacen el viaje aún más tuyo.
Vega: parada inesperada con sorpresa
Seguimos hasta Vega, donde hacemos parada en la Magnolia Gas Station.
Es una gasolinera antigua, sencilla, de las que mantienen ese aire auténtico sin necesidad de mucho más.
Justo enfrente nos encontramos uno de esos sitios que no llevas apuntados… y que acaban siendo de los mejores: un pequeño museo local lleno de objetos antiguos. De verdad, estos sitios improvisados tienen algo especial. La gente que lo lleva es encantadora y siempre acabas descubriendo alguna joya entre sus cosas. En nuestro caso, una máquina tipográfica antigua que nos tuvo un buen rato entretenidos.
Adrian: el punto medio de la Ruta 66
Siguiente parada en Adrian, donde está el mítico Midpoint Cafe.
Aquí es donde se marca el punto medio exacto de la Ruta 66: misma distancia hasta Chicago que hasta Los Ángeles. Y sí, la foto es obligatoria.
Nosotros aprovechamos para comer aquí unas hamburguesas y celebrar el momento como toca. No todos los días cruzas la mitad de la Ruta 66. Además coincidimos con un grupo de chavales japoneses y el momento fue muy divertido.
Tucumcari: neones y esencia Route 66
Entramos en Nuevo México y llegamos a Tucumcari , uno de los lugares con más esencia de toda la ruta.
Aquí lo mejor es simplemente recorrer la carretera principal y fijarte en los carteles, los moteles y ese aire retro que todavía se mantiene. Es de los sitios donde más se siente la Ruta 66 “de verdad”.
No te pierdas Tee Pee Curious, una tienda muy reconocible por su forma y su decoración. Es una parada rápida, pero muy representativa.
Santa Rosa: el Blue Hole
Seguimos hasta Santa Rosa New Mexico para ver el sorprendente Blue Hole.
Es una piscina natural de agua cristalina en mitad de un entorno bastante seco. El contraste es brutal. El agua es tan clara que parece irreal, y además es bastante profunda, por lo que también es muy popular entre buceadores.
Es una parada diferente a todo lo anterior, y se agradece.
Santa Fe: final de etapa
Terminamos el día en Santa Fe New Mexico, una de las ciudades más especiales de todo el viaje.
Aquí el ambiente cambia completamente: arquitectura de adobe, calles con mucho encanto y un aire muy distinto a todo lo que llevabas viendo hasta ahora. Es el sitio perfecto para descansar y prepararte para lo que viene.
El momento en el que te das cuenta de todo lo que llevas recorrido
Cruzar el punto medio de la Ruta 66 no es solo una foto, es un pequeño “clic” mental. Miras atrás y te das cuenta de todo lo que llevas ya… y lo que te queda.
Y mientras tanto, la carretera sigue.