Esta etapa es de las que empiezan a enganchar de verdad. Ya no es solo “vamos a ver cosas de la Ruta 66”, aquí ya estás metido dentro del viaje. Vas encadenando paradas pequeñas, pueblos tranquilos, sitios raros y alguna ciudad grande que te cambia totalmente el ritmo del día.
Es bastante cómoda de hacer en coche porque no hay trayectos eternos sin nada. Siempre tienes algo a lo que parar: una gasolinera antigua, un coche clásico, un cartel de neón o un diner de los de toda la vida. Y eso hace que el día se pase volando.
Soulsby Service Station en Mt. Olive
Empezamos el día en Soulsby Service Station, una de esas paradas que no impresiona por grande, sino por lo que representa.
Es una gasolinera de 1926, prácticamente del nacimiento de la Ruta 66. Está restaurada y se mantiene como era, así que la parada es más para ver cómo eran las cosas antes que para otra cosa. Es rápida, pero te mete muy bien en el mood del día.
Staunton: coches clásicos y sitio con alma
En Staunton tienes varias paradas seguidas que merecen la pena sin complicarte demasiado.
Primero Country Classic Cars LLC, que es básicamente un recinto lleno de coches clásicos por todas partes. No hay mucha organización ni explicación, pero eso es justo lo que lo hace especial. Paseas entre coches como si hubieras entrado en otra época sin querer.
Luego pasas por Route 66 Storage & Markets, que es más tienda y mercadillo que otra cosa, pero es de esos sitios donde acabas mirando cosas sin darte cuenta.
Y la parada que más nos gustó aquí: Henry’s Rabbit Ranch. Es difícil de explicar. Es una mezcla de conejos, coches Volkswagen antiguos y objetos de la Ruta 66. El dueño suele estar allí y es de esas personas que te hacen la visita aún más especial. Es una parada muy simple pero con mucha personalidad.
Granite City y Luna Café
En Granite City Illinois paramos en Luna Cafe, pero solo para verlo por fuera y hacer alguna foto.
Es el típico diner americano de carretera, de los que te imaginas cuando piensas en la Ruta 66. No necesita mucho más para llamar la atención.
St. Louis: el gran punto del día
Llegamos a St. Louis, que aquí ya es palabras mayores.
Primero cruzamos el Chain of Rocks Bridge, un puente antiguo con una curva bastante rara en mitad del Mississippi. Antes pasaban coches, ahora es solo para peatones, así que puedes cruzarlo andando con calma y disfrutar del río Mississippi y las vistas.
Después vas directo al Gateway Arch, que es imposible no ver. Es enorme, muy simbólico para la expansión hacia el oeste de Estados Unidos. Si te animas, puedes subir arriba, aunque el acceso es un poco peculiar porque se hace en unas cápsulas pequeñas y el precio es elevado. Desde nuestro punto de vista, no merece la pena.
Y aquí toca parada obligatoria para comer bien: las costillas estilo St. Louis. Más finas que otras versiones, con salsa dulce y ese punto ahumado que engancha bastante.
Cuba (Missouri): murales y motel clásico
En Cuba todo gira en torno a los murales. El pueblo está lleno de pinturas en las fachadas que cuentan historias de la zona y de la Ruta 66. Es fácil perder un rato simplemente paseando y mirándolos.
Aquí está también el Wagon Wheel Motel, uno de los moteles más antiguos que siguen funcionando en la Ruta 66. Aunque no te alojes, merece la pena verlo porque mantiene mucho de su esencia original.
Antes de irte, parada en Fanning 66 Outpost, donde está la famosa mecedora gigante. Es de esas cosas que no tienen mucha explicación, pero se han convertido en parada obligatoria.
Uranus Fudge Factory: la parada rara del día
Seguimos hasta Uranus Fudge Factory, que es de esos sitios que no sabes muy bien cómo definir.
Es una mezcla de tienda de dulces, souvenirs y humor bastante directo. No es una visita larga, pero sí divertida. Sirve un poco para desconectar entre paradas más “históricas”.
Springfield: final de etapa
Terminamos el día en Springfield (Missouri), que además tiene bastante peso dentro de la historia de la Ruta 66.
Antes de acabar, foto sí o sí en el Munger Moss Motel. Su neón es uno de los más conocidos de toda la ruta, sobre todo cuando empieza a anochecer. Es de esos sitios que te hacen parar aunque solo sea para mirar un minuto.
Sensaciones de esta etapa
Es una etapa muy fácil de disfrutar porque no tienes momentos muertos largos. Vas enlazando sitios muy distintos entre sí, algunos históricos, otros curiosos y otros directamente raros, pero todos suman a la experiencia.
Es justo aquí donde mucha gente empieza a pensar: vale, ahora sí que estoy haciendo la Ruta 66 de verdad. Te prometemos que a pesar de los kilómetros, se te va a pasar el día volando entre parada y parada.