Wong Tai Sin, Nan Lian Garden y Chi Lin Nunnery son tres paradas que van prácticamente cogidas de la mano, a un paseo tranquilo unas de otras, y las hicimos las tres seguidas una mañana sin prisa. Si esperáis un templo tranquilo y ya está, seguid leyendo, porque el primero de los tres nos dio bastante más de lo que íbamos buscando.
Wong Tai Sin, el templo que nos superó todas las expectativas
Fuimos por la mañana y el patio central estaba abarrotado, lleno de gente rezando entre nubes de incienso y, sobre todo, haciendo el kau chim, esas varitas de la fortuna que tanto se ven en fotos de Hong Kong. La cosa va así: coges un bote lleno de palitos numerados, lo agitas de rodillas hasta que uno se cae al suelo, y ese número te lleva a una hoja con tu fortuna, que después puedes llevar a interpretar con uno de los adivinos que trabajan alrededor del templo. Se usa para casi todo, negocios, amor, salud, y viendo la cantidad de gente agitando su bote a la vez, en Hong Kong se lo toman muy en serio.
El templo se construyó en 1921 en honor a Wong Tai Sin, un inmortal taoísta al que la leyenda atribuye poderes de curación, y abrió sus puertas al público en 1956. Es de esos sitios donde conviven taoísmo, budismo y confucianismo bajo el mismo techo, cosa que explica por qué había tanta actividad distinta pasando a la vez delante de nuestros ojos.
Y luego, nada más rodear el patio principal, la zona de los jardines. Ahí el ruido se queda atrás de golpe. Es preciosa y muy tranquila, y estuvimos paseando un buen rato, admirando cada rincón sin ninguna prisa. Si solo os quedáis con el patio central os vais a perder la mitad buena.
Información práctica de Wong Tai Sin
Abre todos los días de 7:30 a 16:30 y la entrada es gratuita. Se llega en metro, línea Kwun Tong, estación Wong Tai Sin, salidas B2 o B3.
Nan Lian Garden, la calma después del bullicio
De Wong Tai Sin a Nan Lian Garden hay unos 20 minutos andando, y el contraste en cuanto llegas es total. El jardín se inauguró en 2006 pero está inspirado en el estilo de los jardines de la dinastía Tang, con ese punto tan cuidado y tan simétrico que tienen los jardines clásicos chinos. Paseamos por él viendo los bonsáis, que están mimadísimos, cerca de la zona de las rocalla, y nos paramos un buen rato frente al puente rojo, el Pavilion Bridge, que cruza el estanque conocido como Blue Pond. Ese día estaba cerrado y no se podía cruzar, pero mereció la pena igualmente quedarse mirándolo, con esa madera lacada en rojo reflejándose en el agua.
Se respira una paz que cuesta encontrar en una ciudad como Hong Kong, y fue de esos momentos del viaje en los que simplemente caminas más despacio sin darte cuenta.
Información práctica de Nan Lian Garden
Abre todos los días de 7:00 a 21:00 y la entrada es gratuita. Está conectado con el Chi Lin Nunnery por una pasarela, así que se puede ir de uno a otro andando en un par de minutos. La estación de metro más cercana es Diamond Hill, salida C2.
Chi Lin Nunnery, el monasterio construido sin un solo clavo
Este lo visitamos más rápido, sin mucho más plan que dar una vuelta, pero el dato con el que os vais a quedar es este: el edificio entero está hecho con más de 95.000 piezas de madera encajadas entre sí como un puzle gigante, sin un solo clavo. La sala principal se sostiene sobre 28 columnas de cedro y el tejado tiene 28.000 tejas, todo construido siguiendo el estilo de la dinastía Tang y los principios del feng shui.
Por dentro tiene ese mismo contraste que ya empezaba a hacerse habitual esa mañana: fuera, Hong Kong en su salsa, y dentro, un silencio que parece de otro siglo. Hay también un jardín con estanque de lotos, fuentes con dragones y más bonsáis, así que si ya os habían gustado los de Nan Lian Garden, aquí hay otra ración.
Información práctica del Chi Lin Nunnery
Está en Kowloon, junto a Nan Lian Garden, y se llega también desde la estación de Diamond Hill. La entrada es gratuita.
Las tres nos las tomamos con calma esa mañana, sin ir con prisa de un sitio a otro, y creemos que es la mejor manera de hacerlo: si vais corriendo, el patio abarrotado de Wong Tai Sin, la paz de los jardines y el silencio de madera del Chi Lin Nunnery se os van a mezclar todos en el mismo recuerdo borroso, y sería una pena, porque los tres merecen que os paréis a mirarlos por separado.
¿Habíais oído hablar del kau chim antes de este post? Contadnos si os animaríais a probarlo.