Montar el itinerario de la Ruta 66 parece fácil hasta que te pones a hacerlo: mil pueblos, mil desvíos, opiniones contradictorias y horas y horas de coche que, si no calculas bien, te pueden arruinar el viaje. Por eso no sirve copiar y pegar un itinerario cualquiera. La clave es entender cómo organizarlo tú, con tu ritmo, tu estilo y tus prioridades. Porque cada persona es un mundo y tiene diferentes prioridades, os hemos preparado una guía para disipar todas esas dudas que se crean cuando te sientas por primera vez frente al mapa y te preguntas ¿y ahora qué?
¿Ruta original o al contrario?
Lo primero que tienes que plantearte es el sentido en el que quieres realizar la Ruta 66 y tienes dos opciones, la original de Chicago a los Ángeles o al contrario de Los Ángeles a Chicago. Y tu decisión es muy importante porque puede hacer que la experiencia sea completamente diferente.
Nosotros elegimos hacerla de Chicago a Los Ángeles por dos razones, es la ruta original y vas ganando horas. Recuerda que a lo largo del trayecto vas cambiando de estados y con ello cambias de uso horario, así que durante este viaje vas a tener 3 usos horarios:
Desde Chicago hasta Texas. En los estados de Illinois, Missouri, Kansas, Oklahoma y parte de Texas. Aquí no hay cambios. Diferencia con España: normalmente –7 horas.
El segundo empieza al cruzar de Texas a Nuevo México. Al entrar en esta zona ganas una hora (si son las 16:00 en Texas, serán las 15:00 en Nuevo México). Diferencia con España: –8 horas.
Y por último Arizona que:
- En invierno tiene la misma hora que Nuevo México.
- En verano tiene una hora menos que Nuevo México.
Aunque está dentro de Arizona, sí cambia la hora en verano, así que en esos meses tiene la misma hora que Nuevo México. No está en la Ruta 66 como tal, pero muchos viajan a Antelope Canyon o Monument Valley, y aquí es donde la gente se lía.
Por lo demás, pasarás por los mismos sitios, harás las mismas paradas y todo será igual.
Otra cosa que puede influir en tu decisión son los vuelos, mira las diferentes combinaciones porque los precios suelen variar bastante y en el caso del alquiler del coche para nosotros fue más difícil encontrar un descapotable de Chicago a Los Ángeles que al contrario, que había muchísimos disponibles en un montón de empresas de alquiler.
Decide cuántos días… de verdad
Aquí es donde la gente suele autoengañarse un poquito. Todos empezamos pensando “bueno, si son 4.000 km… pues en X días lo hago”, y luego, cuando te plantas allí, descubres que entre paradas, fotos, carreteras secundarias, museos rarísimos y pueblos que no estaban en tus planes pero te enamoran… el tiempo vuela. Así que antes de lanzarte a hacer números, tienes que tener claro qué tipo de viajero eres.
Si eres de los que va a ritmo rápido, no te paras mucho, haces las fotos que quieres y sigues, quizá puedas permitirte un viaje corto. Pero si eres de los míos, de los que ven un motel chulísimo y necesitan bajarse a mirarlo, o de los que se paran en cada señal oxidada porque “esta queda genial para foto”, te digo desde ya que vas a necesitar más días.
¿Cuántos días necesitas según tu forma de viajar?
Vamos a lo realista, no a la teoría bonita:
10 días:
Solo para gente con súper energía, que ya sabe a lo que va y que no le importa hacer muchas horas de carretera seguidas. Es posible, sí, pero olvídate de detenerte en cada pueblo, hacer desvíos o recrearte mucho. Vas a ver lo básico, lo imprescindible y poco más.
14 días:
La versión más equilibrada para la mayoría. Te permite disfrutar de muchas paradas míticas, ver pueblos con calma, hacer fotos, comer en diners auténticos, dormir en moteles con neones y llegar a Los Ángeles sin sentir que te han pasado por encima. Para nosotros es la duración mínima “con disfrute”.
18 días:
La opción ideal si te gusta absorberlo todo sin prisas. Puedes hacer muchos desvíos (incluyendo sitios que no están exactamente en la ruta pero merecen la pena), parar en cada restaurante mítico, explorar museos curiosos, y llegar a California con la sensación de haber vivido la ruta al completo. Si tienes tiempo, es la duración perfecta.
21 días o más:
Versión slow total. Perfecta si viajas con calma, te encanta la fotografía, o si quieres combinar ciudades grandes, parques nacionales o incluso hacer escapadas a Las Vegas y al Gran Cañón con tranquilidad. No es necesaria… pero es gloria bendita si puedes permitírtelo.
Tener días extra significa una cosa: tu ruta deja de ser solo un viaje y se convierte en una experiencia que vas a recordar toda la vida.
Traza el mapa día a día y define etapas

Cuando me puse a organizar las etapas no tenía ni idea de por dónde empezar. Había visto mil planning por internet y ninguno coincidía con otro, y ahí entendí lo más importante: tu ruta la marcas tú, no lo que haya hecho otra persona. Te pueden inspirar, claro, pero cada viajero es un mundo. Hay quien se para en todas las gasolineras de estética retro y quien, después de tres, ya no quiere ver ni una más. Por eso es clave mirar lo que hacen los demás solo para descubrir qué quieres hacer tú.
Lo fundamental es no montar un planning imposible en el que pasas media vida en el coche y no te queda ni un segundo para improvisar o disfrutar del entorno. Nosotros dividimos las etapas en unos 400 km de media al día, algunos un poco más largos y otros más tranquilos. También decidimos desviarnos al Gran Cañón, pasar por Las Vegas y terminar en Los Ángeles visitando Disneyland y Universal. Así que antes de cuadrar nada piensa: ¿cuántos días reales quiero dedicar al tramo puro de la Ruta 66? ¿Voy a incluir algún desvío? Y, sobre todo, ¿quiero dejar huecos para parar en esos sitios inesperados que no aparecen en ninguna guía y que son justo los que te emocionan?
A la hora de elegir dónde dormir, no me guío solo por la distancia. Miro si esa zona tiene algo que me apetezca ver de noche o a primera hora. Por ejemplo, elegimos Amarillo para cenar en el Big Texan y estar al lado del Cadillac Ranch a la mañana siguiente. Otra cosa importante es el alojamiento en sí: en los pueblos pequeños la oferta puede ser muy justa, así que más de un día preferí avanzar unos kilómetros hasta el siguiente pueblo porque el motel me cuadraba más, ya fuera por precio, limpieza o porque era de esos míticos que te hace ilusión vivir.
Lo importante es arrancar. Cuando tienes claras dos o tres paradas clave, el resto del mapa se ordena solo, y empiezas a ver la ruta con otros ojos.
Decide tus paradas obligatorias
Aquí viene el momento de separar lo que te flipa de verdad y lo que “dicen por ahí que hay que ver”. Porque uno de los mayores errores al montar la Ruta 66 es tragarte una lista enorme de paradas random que aparecen en todos los blogs… pero que luego, en persona, son un cartel oxidado y poco más.
¿Cómo saber qué merece la pena según tu estilo? Muy fácil: piensa qué te emociona a ti cuando viajas. ¿Te encanta lo clásico rollo motel de neón? ¿Eres fan de los pueblos casi fantasma? ¿Te vuelan la cabeza las tiendas frikis, los típicos restaurantes de peli americana o los paisajes? Haz una lista corta de temas que te encajan y descarta sin miedo lo que no te diga nada. No pasa nada por saltarse sitios que son “famosos” si no son para ti.
Cómo detectar los sitios “famosetes” pero prescindibles:
- Si ves siempre la misma foto en todos lados… sospecha.
- Si nadie explica qué tiene de especial, y solo dicen “hay que parar sí o sí”… red flag.
- Si ya has visto dos exactamente iguales antes y no te dicen nada, el tercero no te va a cambiar la vida.
El truco que usamos nosotros para no saturarnos
Tres o cuatro paradas potentes al día. El resto las metemos en plan, si salen, bien, si no, también.
Una parada potente puede ser un lugar con el que no paras de soñar desde que hacer la Ruta 66 se empezó a pasear por tu mente, esa gasolinera con historia de la que quieres saber más o ese museo que tiene cosas increíbles de la época dorada de la Ruta.
En otros posts te contamos nuestras paradas imprescindibles y su historia estado por estado para que puedas coger ideas.
Desvíos que sí valen la pena (sin reventarte el planning)
Hay tres desvíos que encajan muy bien con la Ruta 66 y que, si te cuadran en días y ganas, suman un montón a la experiencia. No son obligatorios, pero sí de esos que te dejan con una sonrisa cuando vuelves a casa.

Gran Cañón.
Llegar desde Williams no tiene pérdida y en un ratito estás asomándote a un paisaje increíble incluso aunque ya lo hayas visto mil veces en fotos, te aseguramos que no le hacen justicia para nada. Tienes que contar con 1h30–2h solo de ida y luego mínimo 3–4 horas dentro si quieres verlo con calma, hacer fotos y pasear un poco. Lo ideal es dedicarle casi el día entero para disfrutarlo sin prisas.
Las Vegas.
Es un cambio de ambiente total y viene genial para desconectar del “carretera-pueblo-carretera”. Desde Kingman tardas unas dos horas y, siendo sincera, lo mejor es quedarse a dormir. Ir solo a echar un vistazo y volver a la ruta te rompe el ritmo y no lo disfrutas igual. Nosotros nos quedamos dos noche y sinceramente hubiéramos añadido mínimo una más.
Antelope Canyon.
Si te gusta la fotografía, este sitio es una maravilla. Las luces, las paredes de arenisca… tiene un encanto especial. Desde la Ruta 66 tardas unas dos horas largas en llegar, más la visita guiada. Lo más práctico es dormir en Page y evitar hacerlo a la carrera.
Cómo encajarlos sin liarla.
La clave está en tratarlos como el plan principal del día. Nada de meter uno de estos desvíos en jornadas ya cargadas pensando que “total, está cerca”, porque no lo está. Entre el trayecto, las visitas y las paradas improvisadas, el día se va volando. Si los colocas en días más suaves, disfrutas mucho más la experiencia y no sacrificas paradas bonitas de la propia ruta. Si no tienes tiempo, disfruta de este viaje y deja los parques nacionales y Las Vegas para otra ocasión.
Checklist final: ¿listo para arrancar?
Antes de reservar, hazte estas preguntas rápidas: ¿Las etapas son cómodas y hay tiempo para fotos y cafés? ¿Tus desvíos favoritos caben sin destrozar el planning? ¿Los moteles están donde quieres y puedes cenar o relajarte? ¿Tu vehículo aguanta el equipaje y las horas de carretera? ¿Has contado los cambios de hora y la luz para fotos?
Si respondes “sí” a todo, respira hondo, ajusta lo que haga falta y prepárate: tu Ruta 66 está lista para empezar.