Asia, Japón

Baños japoneses y la cultura del agua

Imagínate entrar en un baño donde el agua está tan calentita que sientes cómo el cuerpo se afloja nada más tocarla. El vapor sube, el ambiente es tranquilo y todo invita a desconectar. Así son los baños japoneses: un ritual cotidiano que forma parte de su cultura tanto como el arroz o el té.

Los onsen, sentō y ashiyu son tres formas distintas de disfrutar del agua en Japón, cada una con su estilo, sus normas y sus pequeños secretos. Y conocerlas antes de viajar te evita pasar apuros y te permite disfrutar al máximo.

Onsen: el baño termal más popular de Japón

Los onsen son esos baños termales naturales que aprovechan el agua caliente que nace de las zonas volcánicas. Están repartidos por todo el país, desde hoteles modernos hasta rincones perdidos en la montaña, pasando por pueblos termales donde todo gira en torno al agua. Parte de su magia está en las propiedades minerales, en la calma del entorno y en esa sensación de desconexión absoluta que te envuelve desde el primer momento.

Antes de entrar conviene tener claras un par de reglas para evitar momentos incómodos. Aquí no se usa bañador y no es negociable, y además suelen estar separados por sexos, así que cada zona tiene su propio vestuario y su propio espacio de baño. Para ellos es lo más normal del mundo bañarse desnudos y nadie va a prestarte más atención de la justa. Lo primero es pasar por la zona de duchas, donde toca enjabonarse y aclararse bien, porque dentro de las piscinas no se permiten productos. Las bañeras termales son solo para remojarse, así que cuando entres tienes que estar ya completamente limpio. Esa toallita pequeña que te dan tiene su función en la ducha, pero nunca debe tocar el agua del baño: se deja en el borde o se apoya en la cabeza mientras te relajas. Y sí, las aguas suelen estar muy calientes, así que lo habitual es entrar despacio para que el cuerpo se adapte sin sufrir un pequeño shock térmico.

Elegir un onsen también tiene su punto. Los rotenburo, los baños al aire libre, suelen ser los más especiales, con paisajes que a veces parecen sacados de una postal. En las zonas rurales la experiencia suele ser más tranquila y auténtica, perfecta si buscas un rato de calma total. Un detalle importante es el tema de los tatuajes: muchos onsen prohíben la entrada a quienes los llevan. Si tienes uno pequeño puedes taparlo, y si es grande, lo mejor es buscar uno donde sí estén permitidos, que también los hay. Y si te da pudor bañarte con desconocidos o simplemente te apetece algo más íntimo, existen onsen privados ideales para parejas o familias, donde disfrutas del mismo ritual pero en un espacio solo para ti.

Una vez superado el “momento normas”, el resto es dejarte llevar. Los onsen forman parte de una de las tradiciones más relajantes de Japón, y entender cómo funcionan hace que la experiencia sea todavía mejor. ¿El resultado? Sales como nuevo.

Sentō: el baño público del día a día

El sentō es el baño público de toda la vida en Japón, el que forma parte de la rutina más cotidiana. A diferencia del onsen, aquí el agua no es termal, sino agua normal calentada, pero el ritual es exactamente el mismo: ducha previa, tranquilidad absoluta y ese ratito de desconexión que los japoneses se toman muy en serio. Entrar en uno es asomarte a una costumbre muy arraigada, casi como colarte por un instante en la vida diaria del barrio.

Por dentro suelen ser espacios sencillos y prácticos, sin grandes decoraciones ni ambiente turístico. Lo habitual es encontrar varias bañeras con diferentes temperaturas, desde las más templadas hasta las que te hacen pensar dos veces antes de meterte. Muchos sentō incluyen también sauna o pequeñas bañeras con corrientes eléctricas suaves, pensadas para relajar los músculos después de un día largo. Todo tiene un aire muy local, cercano, casi doméstico. Es ese tipo de lugar donde la gente va a lo suyo, donde nadie tiene prisa y donde se respira esa calma que cuesta encontrar en las ciudades japonesas.

Ashiyu: baños termales para los pies

Los ashiyu son la opción perfecta para quienes quieren disfrutar del agua termal sin pasar por todo el ritual de un onsen. Son bañeras bajas pensadas solo para los pies, y aparecen en lugares de lo más variados: estaciones de tren, plazas, templos o calles de pueblos termales donde el vapor sale literalmente del suelo. Es una forma fácil y cómoda de probar el termalismo japonés sin tener que desnudarse ni preparar nada.

Parte de su encanto está en lo accesibles que son. Muchos ashiyu son gratuitos o cuestan apenas unas monedas, así que te permiten darte un descanso improvisado cuando llevas horas caminando. No tienen misterio: basta con descalzarse, meter los pies en el agua caliente y dejar que el cuerpo se relaje mientras miras el ambiente alrededor. En pocos minutos notas cómo se te va el cansancio de las piernas, y es imposible no levantarse con la sensación de haber recargado pilas. Es uno de esos pequeños placeres del viaje que se disfrutan sin prisa y sin complicaciones.

¿Vale la pena vivir esta experiencia?

Totalmente. Los baños japoneses forman parte de la esencia del país y entenderlos ayuda a entender también su forma de relajarse, de socializar y de cuidar el cuerpo. Son un momento de calma en pleno viaje, y una de esas experiencias que se recuerdan con cariño. Además, visitar uno después de pasarte el día pateando Japón para relajarte un poco se agradece y mucho.

Y después de conocer este pequeño universo de agua caliente, cuesta no querer descubrir más rincones curiosos de la vida japonesa. Si te apetece seguir viajando con nosotros por cosas igual de sorprendentes, no dejes de leernos.

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