Pottinger Street, las escaleras de SoHo y el templo Man Mo son tres sitios que no tienen nada que ver entre sí, pero están a un paseo corto unos de otros, así que se encadenan sin esfuerzo en una sola tarde. Nosotros lo hicimos nada más bajar del Pabellón del León, con toda la tarde todavía por delante en la isla de Hong Kong.
Pottinger Street, la calle de los adoquines

Es una calle empinadísima de bloques de granito irregulares, no adoquines normales, colocados así a propósito hace casi 200 años para que las sillas de mano no resbalaran cuesta arriba y para que drenara mejor el agua de lluvia. En cantonés la llaman la Stone Slab Street, la calle de las losas, y el nombre en inglés viene de Henry Pottinger, el primer gobernador de Hong Kong. Hoy la calle está llena de puestos de disfraces, pelucas, máscaras y demás parafernalia de fiesta, así que en Halloween debe de ser una locura.
Nosotros no compramos nada, fuimos solo a curiosear los puestos, pero sí os decimos una cosa: id con calzado cómodo. Nosotros ya vamos siempre así cuando hacemos turismo, pero esta cuesta en concreto se ríe de cualquier zapatilla que no agarre bien.
Información práctica de Pottinger Street
Está entre Connaught Road Central y Hollywood Road, muy cerca de la estación de Central. La entrada es gratis y con 20 o 30 minutos de paseo tranquilo la habréis recorrido entera.
Las escaleras de SoHo, subir Hong Kong en escaleras eléctricas

A un paseo de nada de Pottinger Street empiezan las escaleras mecánicas de SoHo, las Central-Mid-Levels Escalators, que son ni más ni menos que el sistema de escaleras cubiertas y gratuitas más largo del mundo: 800 metros, 20 tramos y 3 pasillos móviles que se recorren enteros en unos 20 minutos. Cambian de sentido según la hora: bajan de 6 a 10 de la mañana, para que la gente llegue a trabajar a Central, y suben el resto del día hasta medianoche. ¿Que si os suena la imagen? Puede ser porque salen en Chungking Express, la película de Wong Kar-wai.
Los primeros tramos los hicimos rodeados de gente, pero según íbamos subiendo se fue quedando cada vez más vacío, hasta el punto de que en los últimos tramos parecía que las escaleras eran solo nuestras. Subimos hasta el final, bajamos un trecho en ascensor y seguimos a pie hacia el resto de sitios que teníamos pensados para esa tarde. Ir subiendo la ciudad entera sin mover un pie es una sensación bastante rara, la verdad, como si Hong Kong se moviera por ti en vez de al revés.
Información práctica de las escaleras de SoHo
Si vais antes de las 10:00 de la mañana, las pillaréis bajando, así que si el plan es subir hasta arriba, mejor ir después de esa hora. Hay salidas a distintas calles a lo largo de todo el recorrido, así que también podéis bajaros donde os interese sin llegar hasta el final.
El templo Man Mo, los inciensos que no dejan de arder

El templo se construyó en 1847 en Hollywood Road y está dedicado a dos dioses, Man Tai, el de la literatura, y Mo Tai, el de la guerra, así que durante siglos fue parada obligada para estudiantes que buscaban un empujón antes de sus exámenes. Lo primero que veis nada más entrar son las espirales de incienso gigantes colgando del techo, que pueden seguir ardiendo hasta un mes entero, y a nosotros nos tocó ver el proceso completo por pura casualidad: alguien las iba bajando, las volvía a encender y las colocaba de nuevo en su sitio, todo entre el humo y ese olor tan característico que se te queda pegado a la ropa.
No había apenas gente, y la poca que había, como nosotros, iba solo mirando con cara de flipada.
Información práctica del templo Man Mo
Abre todos los días de 8:00 a 18:00 y la entrada es gratuita. No hace falta ir con ninguna vestimenta especial, aunque como en cualquier templo, lo suyo es comportarse con respeto.
Estos tres sitios son de esos que no deberíais dejar fuera de un viaje a Hong Kong si queréis empaparos de la cultura de la ciudad y meteros de lleno en su día a día, más allá de los rascacielos y los miradores. Ni Pottinger Street, ni las escaleras de SoHo, ni el templo Man Mo os van a llevar ni un día entero, y los tres juntos os van a dejar la sensación de haber visto un Hong Kong bastante más auténtico que el de postal.
¿Conocíais alguno de los tres sitios?