Elegir dónde parar cada noche en la Ruta 66 forma parte del encanto del viaje. Puedes dormir en moteles clásicos con neones que parecen sacados de una peli, en hoteles modernos dentro de las ciudades grandes o en cabañas antiguas que llevan décadas recibiendo viajeros. La clave es reservar con algo de antelación en temporada alta y combinar alojamientos míticos con otros más cómodos para descansar bien.
Hay quien disfruta improvisando y reservando sobre la marcha, y oye si ese es tu plan, adelante. Pero créeme que cuando son las siete de la tarde, llevas horas al volante y lo único que quieres es una ducha y una cama, ponerte a buscar motel puede ser un suplicio… y encima igual está completo. Si te va ese rollo espontáneo, perfecto. Pero si quieres ir a tiro hecho y viajar sin estrés, nuestra recomendación es llevarlo todo reservado desde casa.
Moteles míticos en la Ruta 66

A lo largo de la «Carretera Madre» hay algunos moteles con historia que llevan siendo testigos del paso de viajeros desde hace un montón de años, si quieres una auténtica experiencia made in Route 66, puedes elegir alguno de ellos para quedarte, los más destacados son:
Wagon Wheel Motel (Missouri)
Uno de los veteranos de la ruta. Reformado, sí, pero con ese encanto antiguo que no se puede comprar. Le enseñas una foto a tu madre y te dice: “esto sí que es América”.
Munger Moss Motel (Lebanon, Missouri)
Un clásico entre clásicos. Neón precioso, fachada de foto y ese aire de “llevo décadas viendo pasar coches y aún sigo aquí, tan pancha”. Es uno de esos moteles que huelen a historia de verdad, y dormir aquí es casi obligatorio si quieres vivir la Ruta 66 en modo auténtico.
El Rancho Hotel (Gallup, Nuevo México)
Aquí dormían estrellas de Hollywood cuando rodaban westerns por la zona. Entiendes por qué en cuanto entras: madera por todas partes, fotos antiguas y ese aire de “esto tiene historias para aburrir”.
Blue Swallow Motel (Tucumcari, Nuevo México)
El motel más famoso de toda la Ruta 66, y con razón. Neones que parecen sacados de una peli, habitaciones sencillas pero cuidadas y unos dueños que te tratan como si fueras viejo amigo. Es parada obligatoria, punto.
Wigwam Motel (Holbrook, Arizona y San Bernardino, California)
Dormir dentro de un tipi de cemento es tan surrealista como suena… y por eso mola. Es una de las experiencias más icónicas de la ruta. En este caso tienes dos opciones, alojarte en sus instalaciones de Arizona o en las de California.
Cómo elegir motel (y cómo lo hicimos nosotros)
Antes de lanzarnos a la Ruta 66, nos sentamos con un café enorme y empezamos a dividir el viaje por etapas: dónde queríamos dormir, cuánto queríamos avanzar cada día y qué paradas míticas nos pillaban de camino. Una vez tuvimos claro el mapa, tocó buscar alojamiento… y aquí empezó la caza de gangas.
Nos movimos entre Booking, Central de Reservas y Trip.com, buscando moteles en los pueblos y ciudades donde queríamos pasar la noche. Los reservé con muchísima antelación y siempre con cancelación gratuita (bendita opción). Y aquí viene el truco: cada cierto tiempo volvía a mirar por si algún motel bajaba de precio. Y sí, en varios lo hizo.
Si quieres viajar tranquilo, ahorrar un poco y asegurarte habitaciones decentes o incluso míticas, la antelación es la clave.
Consejos para dormir en la Ruta 66 (sin dramas ni sorpresas)

1. Reserva con antelación y evita el “modo búsqueda desesperada”
Como os decía al principio de este post hay gente que prefiere improvisar, y oye, si tienes alma de cowboy, genial. Pero cuando llevas todo el día conduciendo y solo piensas en ducharte y tumbarte, ponerte a buscar motel puede acabar con tu paciencia sobre todo en temporada alta. Llevarlo reservado desde casa te ahorra muchos “¿y si está todo lleno?”.
2. No te obsesiones con dormir solo en moteles míticos
Son una fantasía, sí, pero también vuelan rápido, su precio es superior al resto y no siempre caen bien en tu ruta. Combina los clásicos con opciones más normales y baratas: sigues viviendo la experiencia sin complicarte la vida.
3. Los moteles antiguos molan, pero revisa las fotos (todas)
Algunos conservan el encanto… y otros conservan demasiadas cosas. Mira fotos recientes de viajeros, sobre todo de baños y camas. Y si lees un comentario que arranca con “todo bien menos…”, sospecha.
4. Calcula dónde amanecerás… y dónde querrás cenar
Hay tramos larguísimos donde no hay nada. A veces conviene dormir en pueblo grande solo por tener restaurantes cerca y evitar cenarte un paquete de galletas.
5. Revisa precios varias veces
Lo dicho: los moteles cambian de precio como si jugaran a la bolsa. Si coges con cancelación gratuita, vuelve a mirar cada pocas semanas. Nosotros nos ahorramos un pico así.
6. Ojo con las distancias (Google a veces miente)
Hay tramos donde tardas más por carreteras lentas, límites ridículos o porque te paras mil veces a hacer fotos. No te plantees un día eterno creyendo que llegarás fresquísimo al motel.
7. Lleva siempre agua y algo para picar
Esto no es un consejo de motel, pero cuando llegues al final del día me lo agradecerás. Hay sitios donde la máquina de hielo es lo único operativo. Nosotros compramos una nevera de corcho al principio del viaje (las vas a encontrar en muchos sitios, en Walmart por ejemplo) y siempre llevábamos snacks y bebidas que nos sacaron de más de un apuro sobre todo al llegar a un motel algo más retirado de la civilización o si las fuerzas no nos acompañaban para salir a cenar.
Al final, cada noche en la Ruta 66 te deja una anécdota distinta: un neón que te recibe, un dueño que te cuenta media vida o un motel que parece detenido en el tiempo. Y eso es justo lo que hace tan especial este viaje: que incluso el momento de “dejar las maletas y apagar la luz” tiene personalidad.
Así que coge tu mapa, elige tus paradas y empieza a montar tu propia aventura. La Ruta 66 tiene un algo que engancha, y si la preparas bien, vas a volver diciendo lo mismo que nosotros: ha sido de los mejores viajes de nuestra vida. ¿Listo para empezar? Vamos.